Manuel “Manolo” Ray: un revolucionario poco recordado

 

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Por: José M. Presol.

Casi seguro que Manolo Ray hubiese preferido ser mencionado como lo que era: uno de los mejores ingenieros de nuestra Patria, pero la Historia no ha querido que sea sí.

Hijo de una maestra y un comerciante, se crió en las habitaciones traseras del local de su padre. Consiguió una beca para ir a estudiar a la Universidad de Utah. Se recibió y regresó a Cuba en 1947.

Introdujo en Cuba el método de dirección de proyectos conocido internacionalmente como “project management”. Dejó para nosotros grandes obras; y los habaneros y aquellos que visitan nuestra capital se tropiezan con ellas sin saber quién fue uno de sus creadores. Hablo, por ejemplo, del túnel bajo el Almendares o el Hotel Habana Hilton (ahora nombrado Habana Libre).

Llegó Batista y no dudó en enfrentarse a él. Dicen que fue uno de los fundadores del Movimiento de Resistencia Cívica (MRC), pero lo negaba pues lo habían hecho unos patriotas en Santiago. Tras la muerte de Frank País se hace cargo de la tesorería y, después, de la dirección del MRC.

Manolo Ray en su juventud

Manolo Ray en su juventud

 

A pesar de lo que piensan muchos, y la “historia oficial” ayuda a hacer creer, el MRC no formaba parte del “26”, pues era una organización independiente, dedicada, fundamentalmente, al sabotaje y la propaganda. Lo que sí es cierto es que se fusionó en enero del 59.

Buena parte de las acciones de sabotaje que se atribuyen al “26” las realizó el MRC, que “trabajaba” tanto por su cuenta como para otras organizaciones, principalmente el “26” y para el II Frente Escambray; aunque lo hacía perfectamente coordinada con todas. Por ejemplo, Ray tenía una reunión periódica con Faustino Pérez y David Salvador.

También jugó un papel importante como uno de los dirigentes de la Huelga General de Abril del 58, ocupando la dirección de dos de los principales comités organizadores.

Al triunfo de la revolución fue nombrado Ministro de Obras Públicas en la sesión del Consejo de Ministros del 5 de enero de 1959, pero para él empezaría entonces su calvario personal.

El 12 de marzo de 1959 su hermano, René Ray, funcionario del Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados, es detenido y acusado de admitir sobornos. Lo llevaron a la Estación de Policía situada en el cruce de las calles Cuba y Chacón, donde hoy se encuentra la Comandancia General de la PNR. Allí se suicidó, pegándose un tiro en la cabeza. Sumándose así a la larga lista de “extraños suicidios” en la Cuba revolucionaria.

Nunca se hizo una investigación que dijese si la acusación era cierta; tampoco se investigó por qué un detenido tenía una pistola. Al mando de esa estación estaba un desconocido teniente, que gozó, hasta su muerte, de la confianza de Raúl Castro. Se llamaba Julio Casas Regueiro y llegó a ser General de Cuerpo de Ejército, Viceministro del MINFAR, Gerente de GAESA, miembro de la Asamblea del Poder Popular y del Buró Político del PCC. Las investigaciones nunca se realizaron, pero Casas Regueiro, responsable último de la pesquisa y de la seguridad del detenido, fue ascendido a capitán dos días más tarde.

Los incidentes y enfrentamientos llegaron al propio Consejo de Ministros, donde el también ministro Augusto Martínez a punto estuvo de sacar su pistola y dispararle. Martínez fue fiscal en los juicios de los primeros días y miembro del tribunal que juzgó a los prisioneros de Playa Girón; pero él mismo cayó en desgracia, se le culpó de desvío de fondos durante su función como Ministro de Trabajo. También “recurrió”, como tantos, al suicidio, pero falló y fue “destinado” a su casa, desapareciendo públicamente.

Se opuso a la detención de Huber Matos, como Faustino Pérez, lo que acabó por hacer irrespirable la atmósfera de las reuniones del Consejo provocando el cese de ambos, el 26 de noviembre de 1959. Pérez ya estuvo para siempre dedicado a destinos secundarios. Ray fue designado para la Presidencia del Instituto Nacional de Ciencias y Tecnología, organismo inexistente en aquella fecha.

Para el mes de mayo de 1960, Ray ya había fundado el Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP), y desde La Habana comenzó a extenderse hasta que, poco después, ya tenía ramificaciones en las seis provincias existentes. Llegó a alcanzar tal desarrollo que consiguieron salvar a 18 de los oficiales que fueron detenidos con Huber Matos, sacarlos de La Cabaña y llevarlos al extranjero.

A finales de ese año sale para Estados Unidos y se encuentra con los preparativos para la Invasión de Playa Girón. Tiene unas buenas relaciones con el Gobierno y con el Departamento de Estado y éstos presionan para que sea incluido en el Consejo Revolucionario Cubano, el organismo que protagonizaría el “desembarco civil” constituyéndose en gobierno provisional, lo admiten pero con la oposición de la CIA y de varios miembros próximos a ésta.

En Miami expone lo que considera un plan adecuado para derrocar a Fidel:

1) Utilizar la organización interna del MRP y otros e iniciar una campaña de sabotajes, sin víctimas, para elevar la moral de los simpatizantes y crear una atmósfera adecuada. 2) No dejarlo todo al azar de un solo desembarco, sino que, aunque se tardase más, preparar unos 10 desembarcos, de unos 2,500 hombres cada uno, que tomasen tierra en diversos puntos con una diferencia de dos tres días entre ellos, a fin de desorientar y fragmentar al Ejército y las Milicias.

Su propuesta no fue tenida en cuenta pues, según alegaciones de los más próximos a las tesis de la CIA, ya todo estaba muy adelantado y que sería suficiente con la Brigada 2506 y el apoyo marítimo y aéreo que ésta iba a recibir y que para desviar la atención sería suficiente el desembarco de apoyo que se efectuaría en Oriente, al mando del capitán Grave de Peralta.

De esos dos desembarcos, el de apoyo nunca se realizó y, del principal, ya conocemos el resultado.

Manolo Ray consideró que todos habían sido engañados y abandonó el Consejo Revolucionario Cubano. La reacción de la CIA fue enviar a La Habana a Ignacio Mendoza para convencer a Reynol González, máximo responsable del MRP en el interior, de que el Movimiento debería apartarse de sus dirigentes en el exterior, y, a cambio les promete todo tipo de apoyo.

Se producen momentos de desconcierto, que aprovechan algunos movimientos relacionados con la Iglesia para posicionarse dentro del MRP. Ray se marcha a Puerto Rico, donde es visitado en alguna ocasión por agentes de la CIA pidiéndole los listados de miembros a lo que se niega e intentando indagar si tiene alguna relación con atentados cometidos en Miami, lo que niega rotundamente.

Manolo Ray siempre se mostró contrario a las acciones de sabotaje cometidas fuera de territorio cubano, insistiendo en que “si eres capaz de hacerlo fuera, demuestra que lo eres de hacerlo dentro”. Por ejemplo, nunca se mostró de acuerdo con el atentado al avión de Cubana en Barbados y lo consideró un gran error. Basaba su oposición, entre otras cosas, en que él era enemigo de la pena de muerte, por tanto no podía aceptar sacrificar personas inocentes.

Otra de las cosas a las que se opuso fue a la permanente injerencia de la CIA en las organizaciones cubanas del exilio, incluso publicó un artículo en Diario de las Américas denunciando la situación y pidiendo al Presidente Kennedy que interviniese en esa situación.

Ray creó una nueva organización: la Junta Revolucionaria Cubana (JURE), pero todos los intentos que realizó de realizar sabotajes o desembarcar en Cuba fracasaron, principalmente por fallos mecánicos en los motores de las embarcaciones. Lo cual no deja de provocar cierto recelo en quien esto escribe.

JURE acaba siendo liquidada, pero, en 1972, Ray lo vuelve a intentar con el Partido Revolucionario del Pueblo (PRP), pero fue un nuevo esfuerzo baldío.

No abandonó nunca el interés por lo que sucedía en Cuba, pero siempre le obstaculizaron su labor. Vio que esa lucha estaba siendo dificultada no solo por los intereses castristas y de otros gobiernos, sino también por la actitud de parte del exilio donde muchos quieren ser nombrados como libertadores, pero nunca han conseguido ponerse de acuerdo y trabajar unidos, ese ha sido uno de los mayores logros de Fidel Castro.

Ha dejado a su familia, y creo que a todos nosotros, una frase que deberíamos grabarnos en nuestra conciencia: “el verdadero patriota es el que lucha no para quedar en la Historia, sino es aquel que lucha para que la Historia hable de la lucha”, pues “más hacen bien los callados que los que se proclaman portavoces”.

 

 

Nota del autor:

Quisiera expresar mi agradecimiento a Mickey Ray, hijo de Manolo Ray, que, aparte de compartir conmigo algunos recuerdos, tuvo la amabilidad de revisar el borrador de este artículo.

 

Algunas referencias utilizadas:

  • Iglesia y Revolución en Cuba.- Uría, Ignacio.- Ediciones Encuentro, Madrid.- 2011.

 

 

 

Para contactar con el autor escribe a: jmpresol94@gmail.com

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Jose Manuel Presol

Nací en la capital de “la Tierra más hermosa que ojos humanos vieran”, un 23 de septiembre de 1952. Salí un 30 de septiembre de 1967, con quince años recién cumplidos y, por el horizonte, empezaba a salir el Sol. No he regresado. Estudios superiores, medios o básicos en muchas cosas, fundamentalmente: Economía, Industria Alimentaria, Agroindustria, Finanzas y Gestión de Proyectos, Transporte, Logística. Vicioso de la lectura. Aficionado a la Historia. Miembro de Somos+. Espero volver algún día, mejor dicho: estoy seguro que volveré y que acabaré de ver salir el Sol.

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