EL CINCO Y LA DIÁSPORA

Por: Germán M. González.
Desde inicios de nuestra nacionalidad, la migración causada por la intolerancia política
forzó a muchos de nuestros más insignes compatriotas a tomar el camino del exilio.
Desde el primero que nos enseñó a pensar -el presbítero Félix Varela- hasta el mayor
pensador político hispanohablante, José Martí, quien no solo tuvo que marcharse de
Cuba sino también sucesivamente de México y Guatemala gobernados por clásicos
dictadores latinoamericanos. Ambos exiliados 30 y 14 años respectivamente en Estados
Unidos donde realizan lo mejor de su obra intelectual y política.
Terminada la contienda independentista y desde el gobierno interventor, retornan a la
Patria muchos exiliados, aportando conocimientos y capitales propios y captados
gracias a sus relaciones y prestigio, ayudando así al rápido desarrollo económico y
social de la naciente República.
En el medio siglo posterior, el saldo migratorio resulta altamente positivo y eso, unido a
la mejoría de las condiciones sanitarias, educacionales, etc., causa que la población se
cuadruplique. Luego de la interrupción del desarrollo democrático causado por el golpe
batistiano en marzo de 1952, se incrementa la migración pero al ser derrocado Batista
ocurre un retorno masivo. En esa etapa la alegría duró poco y en pocos meses la
corriente migratoria se invirtió masivamente.
Primero fueron los vinculados al régimen batistiano, luego grandes propietarios,
intelectuales, artistas, escritores, profesionales, técnicos, obreros calificados,
perseguidos políticos escapados del juicio sumarísimo y el correspondiente paredón o
presidio, luchadores contra Batista incluyendo comandantes, entre otros. Pronto se iba
cualquiera por cualquier vía sin importar clase y posición social, raza, credo, etc.
La diáspora cubana es una de las más calificadas de la historia. Incluyó el 50% de los
médicos, el 90% de los agrónomos, técnicos azucareros, profesores universitarios y de
la enseñanza media y media superior, obreros calificados de las estatizadas industrias,
emprendedores despojados durante la “ofensiva revolucionaria” de 1968, miles de
maestros de las escuelas -incluso religiosas- estatizadas, etc.
Una lista de destacados sería irrespetuosa por las omisiones inevitables, basten estos
ejemplos:
– Aurelio Baldor, profesor, cuyos libros se encuentran aún entre los más utilizados
de Latinoamérica.
– Guillermo Cabrera Infante, escritor, guionista, Premio Cervantes de Literatura.
– Celia Cruz, cantante, estrella en el Paseo de La Fama en Hollywood y en
Caracas, cinco Grammy, doctorados Honoris Causa de tres universidades y el
premio National Endowment for the Arts -el más alto reconocimiento artístico en
Estados Unidos-, diversos discos de oro y platino, grabó más de 80 discos
acompañada por grandes cantantes y varios de ellos de habla no hispana. Para
muchos: la más grandes intérprete latinoamericana.
– Atanasio “Tany” Pérez, pelotero, miembro del Salón de la Fama.
– Roberto Goizueta, empresario, presidente de Coca Cola durante 17 años.
– Melquíades “Mel” Martínez, fue Senador, Secretario (Ministro) y Director
General del Partido Republicano.
La diáspora cubana representa el 0.6% de la población estadounidense y ha contado
hasta con ocho legisladores federales, muchísimos estaduales, alcaldes, secretarios
(ministros) y ejecutivos de primer nivel en grandes empresas. Un poder político y
económico no acorde con la población relativa. Dos de cada tres migrantes han ido para
Estados Unidos y hoy -según el Buró del Censo de EE.UU.- residen en ese país más de
dos millones de cubanos y más de ocho millones de sus descendientes.
Miami es la 2º ciudad de Cuba en número de habitantes, alrededor de un millón
(mayoría étnica, 35% de la población total), y La Florida la segunda provincia cubana
en habitantes (más de 1,5 millones). Según esa fuente, la población cubana era la 2ª en
ingresos per cápita (más de veinte mil USD) solo por debajo de los estadounidenses (25
mil USD per cápita).
Según Granma (16 de enero del 2018) hay otro millón de cubanos residiendo en 120
países. De eliminarse las políticas restrictivas (Ley de Inversión Extranjera, burocrática
y discriminatoria principalmente) el potencial de inversión de la migración cubana
unido a la alta calificación existente en el país, pudiera repetir el milagro
socioeconómico republicano de la primera mitad del siglo XX.
Para salvar la nacionalidad hoy amenazada por la migración y el deterioro
socioeconómico, resulta imprescindible el concurso de los cubanos de afuera y los
cubanos de adentro. Para lograr esto -antes de que sea tarde- se impone como primer
paso un #NO AL CINCO tan masivo, que resulte innegable.
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