La esperanza no se detiene: el encuentro pendiente del PAPA con nuestra gente.

La llegada del Papa León XIV a Madrid ha sido recibida con una extraordinaria muestra de afecto por parte de miles de personas que han llenado las calles de la capital española para acompañar al Santo Padre en el inicio de su visita apostólica a España. Tras su llegada y la recepción oficial por parte de la Familia Real, el Pontífice ha pronunciado un mensaje centrado en la unidad, la reconciliación, la atención a los más vulnerables y la necesidad de colocar a la humanidad en el centro de todas nuestras acciones, en un tiempo especialmente complejo para el mundo. Su agenda oficial comenzó este sábado con los actos institucionales previstos en el Palacio Real de Madrid.

Durante las semanas previas a esta histórica visita, diversas personas y colectivos trabajamos con ilusión para que pudiera producirse un encuentro entre Su Santidad y representantes de las comunidades hispanoamericanas de Cuba, Venezuela y Nicaragua residentes en España. Hasta los últimos momentos existió la esperanza de que pudiera incorporarse a la agenda oficial, pero finalmente no ha sido posible ajustar los tiempos necesarios para hacerlo realidad.

Lamentamos profundamente esta circunstancia. Habría sido una oportunidad extraordinaria para que quienes hemos tenido que abandonar nuestras naciones, quienes seguimos luchando por la libertad y quienes mantenemos viva la fe como refugio y esperanza, pudiéramos compartir directamente con el Santo Padre nuestras inquietudes, nuestros anhelos y nuestra confianza en un futuro mejor para nuestros pueblos.

Madrid es hoy hogar de millones de personas llegadas desde distintos rincones del mundo, entre ellas una importante representación de cubanos, venezolanos y nicaragüenses que han encontrado en España un espacio para reconstruir sus vidas sin renunciar jamás a sus raíces ni a su compromiso con la democracia, la libertad y la dignidad.

Sin embargo, esta imposibilidad no debe interpretarse como un fracaso, sino como un desafío para continuar construyendo puentes. El esfuerzo seguirá dando frutos si somos capaces de remar todos en la misma dirección, dejando a un lado las diferencias para concentrarnos en el destino que merecen nuestras naciones: libertad, prosperidad, reconciliación y justicia.

Nuestra fe, nuestra esperanza y la fortaleza con la que hemos nacido seguirán acompañándonos en ese camino. Porque las oportunidades pueden aplazarse, pero la esperanza jamás debe perderse.

 

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