Por: Oriana
Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será…”
Milan Kundera, “La insoportable levedad del ser”
Contaba hace unos días al pequeño mundo que me rodea, la felicidad de espíritu en que me encontraba al conocer que el veredicto final del famoso Plan Nacional de Becas falló a mi favor, luego de madrugadas de reflexión y sueños trágicos, un papel afirma que inicio mis estudios de Periodismo el próximo curso.
Comenté en repetidas ocasiones a los que expresaban su alegría por mí, que “ahora sí respiro y estoy de vacaciones”. Pero es que me detengo y rectifico: es exactamente a partir de este instante donde requiero de un intensivo de apnea con la gran recordista cubana de inmersión. Es cierto: tengo que “aguantar la respiración”. No importa, valdrá la pena.
No camino, no avanzo sin meditar cómo se proyecta mi historia en los próximos 5 años, y la historia de los que como yo, anhelan diseñar una nación más nuestra y más fiel y comprometida con su gente.
Es tan lindo imaginar que este grupo de revolucionarios, en el que me incluyo, pueda vocear al universo y a cada rinconcito de Cuba lo que persigue… Me tranquiliza soñar con un futuro donde pueda verme investigando y escribiendo desde un gobierno plural, ese por el que iremos al sufragio un día y nos represente al siguiente, cuyos profesionales de la palabra se hayan reconciliado con la verdad (ese principio tan fundamental del que hoy se burla el equipo del periódico Granma, por mencionar un solo medio de difusión) y donde el deber inmediato de la prensa sea velar por que la verdad siempre reluzca, y no defender los intereses de un partido en especial.
¿Encontraré en los espacios de la Universidad algún micrófono que no tenga “problemas técnicos” para amplificar mi voz y mis ideas? No temo a los problemas técnicos, sino a los de otro tipo que vienen de la mano hostil de las personas y de las instituciones de la “Revolución”. Confío en que se solucionarán más hoy que mañana y que al primer paso para la codiciada apertura mental le llamemos diálogo del real y recíproco, en el que todas las partes interactúen y se produzca lo que yo bautizaría como “democratización de las visiones”.
Entonces, tú, loco ya no tan bajito, que caminas sin encontrarte por los pasillos de la escuela, rebélate desde la sensatez y reconoce que somos nosotros los que podemos brindarle a la Patria una nueva oportunidad: la de crecer.
Y es que “con la libertad, los libros, las flores y la luna, ¿quién no sería perfectamente feliz?”
*Oscar Wilde
Lazaro Mireles
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Una respuesta a «Los locos bajitos no perdemos la fe»
Oriana, no es la primera vez que llevas una brisa fresca a nuestros corazones.