GUARDAR SILENCIO

“Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día”.
Salmos 32:3

Por: Carlos Raúl Macías López.

Guardar silencio ha sido, por una parte, una estrategia para sobrevivir. También una expresión de respeto o prudencia en los más espirituales e incluso un intento de decir sin decir haciendo gala de ese refrán que dice: “el que calla, otorga”. No obstante a ello, enmudecer ante ciertas realidades bien pudiera ser la justificación perfecta empleada por un ignorante, o la tabla de salvación de un oportunista.

No son pocos los que, en su afán por cuidarse el pellejo -básicamente cuando están en juego cargos, militancias, reputaciones, viajes o prebendas- ni chistan. A estas personas no les resulta conveniente hablar pues saben que: “en boca cerrada, no entran moscas”.

La mayoría de los cubanos que residen en Cuba, lamentablemente han cultivado el arte fatal de morderse la lengua o de tragar en seco. Otros hasta han logrado desahogarse -pero en el momento o el lugar equivocados- quizás esperando que los verdaderos culpables no estén presentes, evitando así las represalias. Penosamente el gobierno ha parido una generación de ciudadanos que disipa con aplausos, mutismos y consignas, lo que a falta de convicciones les está vedado defender.

En estos tiempos, sincerarse parece un defecto del carácter y aunque es cierto que muchas han sido las víctimas que en el bando de los que se encaran ha cobrado la censura, no debería ser motivo de felicitaciones, frases de complicidad en el oído, palmaditas en el hombro o elogios… cuando alguien dice la verdad. Lejos de ser la regla, en Cuba es excepcional encontrarse con ese tipo de personas: las que son libres.

Callar ante las injusticias nos hace cómplices de ellas… no importa la motivación. Esta actitud le brinda al represor la falsa imagen de que todo está bien y de que estamos muy felices y satisfechos, cuestión que no se ajusta a la realidad. Callar por aquí, mientras hablamos por allá, nunca ha sido el procedimiento correcto.

A casi todo el mundo le saben algo. Que tire la primera piedra quien que no se haya “prostituido” con los encantos y facilidades del mercado negro o del soborno, es más, desde las altas esferas han llegado a preferir hacerse los de “la vista gorda” con “ciertas ilegalidades”, a cambio de que las personas guarden silencio, fundamentalmente, en lo concerniente a cuestionar el sistema político o, peor aún, a pensar en otras propuestas. Así que: negocio redondo. Todos felices, todos calladitos: los de arriba compran el silencio de los de debajo, de vez en cuando mirando hacia otra dirección para darles un respiro. Los de abajo conquistan un poco más de espacio para luchar el pan de cada día, claro, mientras los de arriba no se sientan amenazados. Conozco a unos cuantos que comparten conmigo las mismas ideas políticas y las mismas críticas al régimen, pero que prefieren el disimulo y el enmascaramiento, porque, según dicen, “¿de qué van a vivir si les cierran el negocio?”.

Mi sugerencia es que cada cual haga su propio examen de conciencia. El que desee mantenerse callado- en actitud de fiel esclavo de la intimidación, la ignorancia, la conveniencia, el oportunismo, el miedo o la prudencia- pues adelante, pero eso no significa que otros nos sumemos a la comparsa. Perder un negocio, dinero, una carrera, o el puesto de trabajo, es un alto costo que muy pocos están dispuestos a correr. Muchos prefieren negociar dignidad a cambio de unas pocas migajas, y esto, manteniendo punto en boca.

Yo prefiero ser de los que, aun y en detrimento de mí mismo, no son silenciados. Para eso hay que estar dispuesto a perderlo todo, excepto la vergüenza. Como hombre cristiano, creo que soy llamado por el Señor, según Efesios 4: 25, a desechar la mentira, y hablar verdad con mi prójimo, sin olvidar que hay tiempo de callar y tiempo de hablar.

Ser irreprensible en un país donde el delito, la corrupción y la mentira campean a sus anchas, no solo es un altísimo reto sino también antídoto y garantía que ofrece suficiente autoridad moral, como para invalidar las trampas de los que intenten comprar nuestra integridad a cambio de silencio.

Para estar bien con Dios, con uno mismo, y con los demás, Pablo el apóstol nos brinda un excelente consejo en 2 Corintios 4: 2: “Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios”.

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